Cremoso, se deshace en la boca, con un delicado sabor a nuez… El aguacate lo tiene todo. Sin embargo, tiene una reputación contradictoria. A veces se le alaba como un superalimento, a veces se le critica por su alto contenido en grasa. El resultado: incertidumbre. ¿Deberíamos comerlo sin miedo o reservarlo para ocasiones especiales? Si alguna vez te has hecho esta pregunta mientras disfrutas de una tostada de aguacate, no te preocupes: no estás solo. Es hora de separar la realidad de la ficción.
Sí, los aguacates son grasosos… pero no de la forma en que te imaginas.

A diferencia de las grasas presentes en los alimentos ultraprocesados, las del aguacate son principalmente grasas insaturadas. Estas son conocidas por su papel en una dieta equilibrada y contribuyen a una sensación de saciedad duradera. En otras palabras, no son calorías vacías, sino calorías que realmente nutren el cuerpo.
Un recurso valioso para frenar los antojos