Porque el amor no envenena.
El amor no planea asesinatos.
El amor no usa a alguien como un medio para salvarse.
El amor real fue mi hermana yendo por mí.
Fue Roberto hablándome en el metro.
Y es cada mujer que hoy vuelve a empezar en el refugio.
¿Qué aprendemos de esta historia?
A veces, el peligro no llega con gritos ni amenazas: llega con una sonrisa, con un gesto romántico y con un “confía en mí”. Las señales suelen ser pequeñas: una insistencia excesiva, una reacción desproporcionada, un detalle que no encaja. Escuchar al cuerpo y al instinto no es paranoia: es supervivencia. Y cuando algo se siente mal, aunque no sepas explicarlo, investigarlo a tiempo puede salvarte la vida.
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Dejé de regar mi limonero… y lo que pasó en la cuarta semana me sorprendió por completo.
¡Poca gente sabe que las rosas se pueden propagar de esta manera tan sencilla!